recien-nacido

El lavado de manos con jabón ayuda a prevenir enfermedades en los recién nacidos.

Cada año se estiman que  4 millones de recién nacidos mueren en el primer mes de sus vidas. El 86% de estas muertes se deben a una combinación de infecciones,  prematuridad y complicaciones durante el parto. *

Acciones de higiene simples y de bajo costo podrían ayudar a reducir esta cifra hasta en un 70%. ** Una de esas acciones es el lavado de manos con jabón , que puede ayudar a salvar vidas de recién nacidos, contrubuyendo a prevenir la propagación de gérmenes que causan infecciones. En los países donde la mortalidad neonatal es alta, el lavado de manos con jabón antes de la recepción y manipulación de un recién nacido no está adoptado como práctica habitual.

El hábito de lavarse las manos se aprende temprano en la vida, es un hábito y es una influencia cultural. ¿Cómo motivar a la gente a adoptar el lavado de manos?

Lifebuoy  ha unido sus fuerzas con la Agencia de Los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y su Programa Integrado de Salud Materno Infantil (MCHIP) para elevar el perfil del lavado de manos en pro de la superviviencia del recién nacido.

La atención se centra en el cambio de comportamiento para ayudar a las nuevas madres y los trabajadores de la salud a adoptar y practicar el lavado de manos con jabón como un hábito instaurado en momentos críticos. Parte del programa es la educación acerca de la importancia del lavado de manos con jabón antes de que  las  madres, parteras, trabajadores de la salud, o cuidadores se pongan en contacto con un recién nacido en su primer mes de vida. El objetivo es reducir la mortalidad neonatal mediante la mejora de la higiene de manos como parte de los programas de salud infantil.

* JE Lawn, K Kerber, C Enweronu-Laryea, O Massee Bateman. La supervivencia del recién nacido en entornos de bajos recursos – ¿Estamos cumpliendo? BJOG 2009;116:49-59

**GL Darmstadt, ZA Bhutta, S Cousens, T Adam, N Walker, L De Bernis. Intervenciones basadas en la evidencia y costo-efectivas: ¿cuántos recién nacidos podemos salvar? Lancet 2005;365:977-988